dijous, 31 de març de 2016

El CCCB abre sus puertas a un debate trascendental sobre “nuestro tiempo”

Salvador Cardús fue el encargado de inaugurar el ciclo de conferencias

Salvador Cardús disertando sobre nuestro tiempo en el CCCB
Casi lo pierdo. Ha sido cuestión de un par de segundos. Un poco más lento y mi carrera por el andén no hubiera servido de nada. Las puertas del viejo tren de Rodalies se cierran a mi espalda. Ocupo un asiento. Tengo algo más de una hora de camino hasta Barcelona así que me pongo a leer un libro de Iñaki Gabilondo. En uno de sus capítulos, el periodista explica que la mayoría de las personas se dedican más a sobrevivir que a vivir, y por lo tanto necesitan información en pequeñas dosis para ir ‘tirando’. Al parecer, los inconvenientes de este tipo de vida acelerada que llevamos hacen cada vez más difícil dedicarle tiempo a todo aquello que precisamente requiere de él para alcanzar un mayor nivel de profundidad. Resulta curioso. El tiempo es el tema principal del ciclo de conferencias que acoge el CCCB. Hacia allí me dirijo. Según el folleto informativo, destacados pensadores del momento disertarán durante algo más de un mes sobre la experiencia del tiempo en nuestra sociedad urbana actual. La impresión de que el reloj va más rápido que nunca y, en consecuencia, que el tiempo se ha vuelto un bien escaso empieza a preocupar a un mundo que se debate entre lo nuevo, que no acaba de llegar, y lo viejo, que no acaba de desaparecer.

Asisto algo apurado, pero una vez allí, le enseño el móvil a una chica que comprueba digitalmente mi entrada y me permite acceder, dejando atrás una cola de personas que llevan sus entradas impresas. Esa es, precisamente, la paradoja de lo nuevo y lo viejo. Una vez dentro busco una silla libre mientras la presidenta de la diputación de Barcelona, Mercè Conesa, recalca la necesidad de discutir e implantar una reforma horaria en nuestro país. El acto ha comenzado con una puntualidad inédita. El público que llena la sala de actos parece prestar más atención cuando Vicenç Villatoro, director del CCCB, se deshace en elogios hacia el que será el primer ponente, Salvador Cardús, a quien presenta como el instaurador del germen que ha desembocado en este ciclo de conferencias: “Me aseguró que si le explicaba como una sociedad entiende y organiza el tiempo, lo podía saber todo de esa sociedad. Quién manda, cuáles son las relaciones de poder, cuál es el sistema económico, cuál es el sistema de relaciones sociales… Y aquello debía ser un debate de Barcelona”. Para sorpresa de todos los allí presentes, Vicenç Villatoro y Mercè Conesa se marchan después de la presentación, no sin antes pedir disculpas: tienen programado otro acto al mismo tiempo, del que no pueden ausentarse. De nuevo, este mundo acelerado se presenta como una selva donde quien no organiza, raciona y comparte eficientemente su tiempo, acaba siendo devorado por él.

El verdadero protagonismo recae entonces en la voz lenta y pausada de un hombre que se muestra como un amante del estudio del tiempo. En aproximadamente una hora, Salvador Cardús construye un edificio firme y cristalino, estableciendo desde el principio unos cimientos sólidos y avanzando paso a paso hasta llegar al tejado. Y una vez allí, habiéndose despachado a gusto del sistema capitalista, nos asegura algo que parece demasiado obvio: “El problema no es la escasez de tiempo, pues este siempre ha sido el mismo”. La lección que deja es que la perceptible aceleración viene dada porque los grandes cambios que ha implicado la globalización siguen confluyendo todavía con estructuras antiguas que ya no sirven para entender la nueva concepción del tiempo. La cuestión es que la solución al problema no pasa tanto por una respuesta individual sino por una más bien colectiva, de transformación, que impulse una cultura con un sentido del tiempo diferente. Un discurso que termina dejando una sensación extraña, la sensación de no poder dominar nuestro propio tiempo, porque está incrustado en las estructuras sociales, y quizás no sea nuestro, sino de todos y a la vez de nadie.

Cojo el móvil y twitteo una de sus frases más destacadas. La hora y media de conferencia ha pasado de forma rápida. Se genera una sonora ovación. Y así nos despedimos: aplaudiendo, mirando el reloj, pensando qué vamos a hacer ahora, o luego, o tal vez mañana. Indecisos ante el tiempo que se nos ha dado. Somos un engranaje más de la sociedad acelerada que Salvador Cardús ha descrito, una pequeña pieza de ese mundo que no acaba de encontrar paradigmas nuevos y estables. Un mundo que ya no es de derechas o de izquierdas, del norte o del sur, de ricos o de pobres, de occidente o de oriente. Un mundo que se divide entre aquellos que se atreven a generar el cambio y los que siguen utilizando el eslogan del siglo XXI: “No tengo tiempo”.


Alexander García Galisteo.

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