dimarts, 14 de juny de 2016

Museo de historia de Girona

Museo de historia de Girona
Patio del museo con un fragmento de un claustro del siglo XVIII

Fuera hacía calor, un calor asfixiante, no parecía principios de junio, más bien parecía que estábamos a mitades de agosto. Por las calles del Barri Vell, de Girona, ya se podía ver alguna que otra chancla con calcetín  y las terrazas a rebozar de gente. Estaba paseando por la calle de la Força, subiendo hacía la Catedral. Edificios antiguos, adoquines de piedra perfectamente encajados, portones altos de madera, balcones de hiero forjado llenos de flores…Parecía que estaba en una película de la época medieval. Todo lo que me rodeaba derrochaba autenticidad e historia.

Me paré delante de una puerta, que más bien parecían las rejas de una mazmorra. Me picó mucho la curiosidad y decidí entrar a investigar. Era el Museo de Historia de Girona. Un edificio emblemático de la ciudad, cuyas raíces se remontan al siglo XV cuando aún era un casal gótico de la familia Cartellà, para más tarde, en el siglo XVIII, convertirse en el convento de Sant Antoni, donde residían frailes capuchinos.

El edificio tenía cuatro plantas, pero las más importantes eran la planta subterránea y la planta baja. Por un lado la planta subterránea, con acceso a la calle de la Força, era la parte más antigua. En esa planta me sorprendió mucho encontrarme con una cisterna, un ejemplo de aljibe con arcos de piedra, con un cementerio, que contenía 18 nichos verticales donde descansaban frailes capuchinos y un patio grande con un pequeño claustro dentro formado por ocho arcos y diez pilares. Por otro lado, estaba la planta baja, donde se encontraba la Iglesia con su pórtico, su sacristía y su altar. En esa misma planta estaban el refectorio, los locutorios y la cocina. Las otras dos plantas tenían poco valor arquitectónico y estaban en obras.

El museo ofrece diferentes actividades y exposiciones temporales  que se pueden ver en la sala de exposiciones, la bodega y la carbonera. A parte, también se pueden visitar el espacio dedicado a la Guerra Civil, un refugio antiaéreo del Jardín de la Infancia y un establecimiento con diseño modernista, que había acogido el archivo notarial, una oficina de banca y una notaría. Todo me parecía fascinante.

Con cada paso que daba por esos rincones, parecía que estaba haciendo un recorrido por la historia, de la época romana hasta la época contemporánea. Recuerdo que me invadió un sentimiento de nostalgia y curiosidad que me motivaron a seguir investigando el museo durante una hora y media. Cuando salí de ahí, y volví a la realidad todo me parecía extraño y falso, ya nada era autentico y especial.

Anca Dorina Pop

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